Puerto Colombia (Atlántico)
Caseteros dicen que hoy van protestar contra la medida de cierre establecida por la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, CRA.
El olor del sancocho de jurel de la caseta Estrella de Mar, ubicada en la entrada al balneario, incitaba hasta al más reacio comensal. Pero solo su propietaria Inés y sus cinco hijos se han servido, pues no hay quien la compre.
Mientras, Pedro se saca la tierra de sus tenis tras recorrer, por más de cuatro horas de punta a punta, la playa ofreciendo sin fortuna sus cocteles de otras y camarón, que según él, son los mejores del Atlántico.
Ángel viajó expresamente de Cali a conocer Puerto Colombia. Llegó a las ocho de la mañana y dice que le encanta la serenidad y tranquilidad del balneario.
"Es impresionante que la playa esté tan sola, no lo entiendo. Les falta promoción, pues no tiene nada que envidiarle a otro lugar del País", dice mientras se quita la tierra de su cuerpo con agua de mar.
El caleño, como los poco que decidieron mitigar el calor del domingo en la playa de Puerto, desconoce la medida de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA) la cual prohíbe desde hace dos días cualquier actividad en sus aguas por estar, según investigaciones, contaminada con coliforme.
El informe del Instituto Colombiano de Investigación Marinas y Costeras (Invemar) indica, además, que los bañistas pueden adquirir enfermedades de transmisión hídrica a través de la piel, los ojos, oídos y cavidad nasal.
"Eso es mentira, el mar no tiene nada", dijo enfurecida Margot, dueña de un puesto de artesanías.
'Se alquila habitación por rato', dice un cartel en la puerta de la casa de doña Nuris. "Nadie está alborotado hoy", afirma la señora alegando que siempre las parejas llegan a su morada tras el sensual vaivén del mar. "Hasta el amor salio perjudicado".
Al llegar al muelle decenas de caseteros vestidos uniformemente con camisas blancas, se abalanzan ofreciendo los mejores y más baratos pecados, pero ayer no hubo con quien negociar, y los poco que se acercaron, llegaron después del mediodía.
Las cabañas se ofrecieron gratis con hamaca y sillas incluidas.
Carlos, mesero de varias casetas, afirma que ganan es del consumo, "en vista de que no llega casi nadie toca vender la cerveza, los refrigerios y la comida un poco más caro. Al no ver demanda, la oferta sube sus precios. Antes no daba a basto".
Ya ni compiten por clientes
Él y sus colegas comúnmente se pelean los clientes y compiten por las propinas, pero ayer sus caras reflejaban el desconcierto por la medida, que aseguran les afecta notablemente sus ingresos.
Los dos policías que custodian el muelle, también cerrado por su deterioro, dicen que es la primera vez desde que laboran allí que el balneario está solo.
"Nos duele que los caseteros sufran las consecuencias. Ojalá, la alcaldía les cree alternativas para que puedan trabajar".
Solo cuando la empresa Triple A, trate el agua que sale de su laguna de oxidación directamente al mar, la CRA suspenderá la medida.
Mientras eso ocurre, antes de llegar al muelle, a unos cuantos kilómetros, algunos aprovecharán la restricción ofreciendo sus cabañas en playas cercanas echándole el agua sucia al Puerto.
"Aquellas aguas están llenas de porquería, venga patrón, éstas son más limpias y la comida es más barata".
LEIDYS MORALES SEVILLA
Especial para EL TIEMPO
BARRANQUILLA